martes, 16 de septiembre de 2014

Temporal

Domingo 14/09                                                         

19:13
Bueno, ésto recién empieza y ya me quiero ir. No puedo sacarme de la cabeza la idea de que en un futuro, espero que cercano, cuando mire hacia atrás y vea este presente lleno de horarios partidos, falsas sonrisas y miradas inexpresivas, me reiré. Diré, "al final todo acaba" (bueno, eso es un poco OBVIO)... "Y yo que lo veía eterno", "no fue más que otra etapa de mi vida"... "Valió la pena el esfuerzo!"... A lo mejor estas son palabras de mi presente que utilizo para sentirme mejor, como autodefensa. O como consuelo.

19:30
Aunque me sienta inspirada me reservo para escribir solo en los momentos en que no hay gente. Escribo para poder llenar esos espacios vacíos llenos de aburrimiento y hastío. Holy shit! Acabo de convertirme en una rapera! La rapera de la publi! Exactamente, eso es lo que estoy haciendo hoy y todos los domingos.

19:45
Anda! Una niña china adoptada hablando en valenciano, aisss qué mona! Y yo estudiando como una enferma para sacarme el grado medio que es un requisito más de los miles que me exigen para poder dedicarme a la docencia y por fin salir de esta rutina de mierda!

20:00
En vez de estar comiendo una paella con mi familia estoy aquí, repartiendo publicidad.

20:06
Una pareja de viejitos caminan abrazados despacito hacia las puertas del centro comercial, qué monos! Nos imagino a nosotros así dentro de muchos años. Él, pelado. Yo, culona. Mierda!! Es el presente!!

20:08

Podría estar en la cama con el ventilador viendo capítulos de Friends pero aquí estoy repartiendo publicidad. Podría estar mordisqueándole los muslos a mi sobrino. O a mi novio...

Podría estar jugando al Catán online u offline si tuviera vida social pero NO. Estoy aquí con los papelitos. A lo mejor alguna de estas personas quiere jugar conmigo! Ahora ellos son mi círculo social. 
Me preguntaron dónde hay una máquina de tabaco y no lo sé. 
Dos marroquíes esperan sentados en un banco a un tercero que, según mi intuición, les trae droga. 

20:13
Confirmado. 

20:21
Podría estar dándome una ducha fresquita. Tomándome un helado. Una birra. Comiendo canelones, o pizza! En la finestra. Haciendo una mudanza. Bañándome en la piscina. Contestando e-mails. Podría estar acariciando a mi gato. O rascándome el conejo. De pollas ni hablemos. Podría estar tocando la guitarra, el ukelele y la armónica al mismo tiempo! Andando en bici, jugando al fútbol o tirándome en paracaídas. 
Podría estar sacándome los mocos y pegándolos en la pared...
Podría estar enumerando miles de actividades que prefiero hacer antes que estar aquí. 
Mierda, eso ya lo estoy haciendo! Se rompe, ésto se rompe, no lo puedo empezar a disfrutar...

20:40
Se me han caído "accidentalmente" todos los papelitos. Me agacho a recogerlos muy despacito para ganar tiempo. Casi, casi me siento sobre mis talones. Tan cerca del placer y  a la vez tan lejos! Con la tontería ya han pasado casi dos horas, pero la última siempre se pasa más lenta. Podría decir que casi equivale a dos horas más pero me pagan solo una. 
Se me acaba el folio de la salvación.

Un domingo aburrido de publicidad me ha dado para una entrada absurda y sin reflexiones en mi blog. Empiezo a verle futuro a ésto. Aunque espero que sea temporal.
Hasta el próximo domingo!



                                                    


viernes, 13 de diciembre de 2013

Washington Sarlanga Sasarasa


Esta mañana un atrevido me dijo con cierto tono de reproche: “Los uruguayos tiene cuatro apodos para todos: el gordo, el flaco, el negro y el pelado”. Creo que se siente preocupado porque pronto será juzgado por un equipo entero de yoruguas ansiosos por bautizarlo con su merecido apodo después de un rápido juicio. Yo le digo “tranqui Krusty, como mucho te llevarás el de flaco o rulo”. Creo que el “flaco” le hace hasta un poquito de ilusión.
 Es una actividad muy común entre los charrúas la de ponerle apodos a la gente, digamos que es algo tan natural como involuntario y aunque muchas veces se disfruta y otras se hace con mala leche, es parte de nuestra cultura. La mayoría de los apodos surgen como alias en relación a nuestro nombre, en relación a nuestra apariencia física, o alguna cualidad de nuestra personalidad, muchas veces incluso pueden surgir de alguna anécdota de nuestra vida que acaba sentenciándonos para siempre. Yo de éstas tengo un rato.
Voy a empezar por la anécdota más antigua que recuerdo en la que recibí el apodo que con orgullo llevo hasta la fecha. El día que me empecé a llamar Karancha. Éramos chicas, (hace más de 20 años) y jugábamos en el terreno del fondo de casa que papá había puesto unas hamacas (columpios). Eran como las de las placitas, las típicas que tienen varias partes: dos columpios, un trapecio, un columpio para dos, etc. El juego consistía en cruzar desde un columpio a otro sin pisar el suelo, que se suponía que era un mar de lava. Nosotras éramos piratas que teníamos que conquistar otros barcos (éstos eran los columpios) y entonces nos pusimos nombres: a ella, que se llama Victoria, la llamé "Vickinga", y a mí (que me llamo Karen…) ella me puso "Karancha". Luego Karancha derivó en Karanchita y bueno, muchas otras.  
En la escuela me vi sometida a muchos apodos. El primero que recuerdo y que, por suerte, no condicionó mi prematura adolescencia pero me convirtió por un tiempo en el hazmerreír de mi clase, fue un apodo que me puso una profesora de educación física sin ella misma darse cuenta de cómo acababa de sentenciarme: “¡Karen! ¡Dobla esas rodillas que corres como un pato!”…pato!...pato!...to!...o!... (Eco). Ya está. No hizo falta más. Todos la escucharon, no había lugar para el error. El resto de mis días en el instituto pasé a ser “Pato jajaja”. Porque a los niños les hacen gracia los apodos, sobre todo si al afectado no le hace gracia, cuanta menos, más.
No recuerdo bien si fue en la escuela o en el instituto pero hubo una época en la que se puso de moda meterse con mi nombre y se inventaban apodos que acababan sin tener nada que ver conmigo o con mi nombre pero era divertido. Para ellos. Algunos de esos apodos eran “carreta”, ”carretilla”, luego las cosas empeoraron cuando empezaron a meterse con mi apellido (Bentancur) y surgían palabras como “bentanculo”, “bentamelculo”, y otras cosas con “culo”.
A medida que fuimos creciendo y todos empezaron a darse cuenta de que yo ya no crecería más, empezaron a llamarme “peti”, “petisa”, “peque”, “chiquitita”, “enana”, “amiga de bolsillo”, "petisita culona", “inspector de sócalo”, “carpintero pobre” (porque no tiene 1 metro), “amormini”, “¿por qué eres tan mini?”,  etcéteras. También siempre he sido “gorda”, o “gordi”, “negra” o “negri”, para mis amigos y papás. También algunos de mis amigos me llaman “mona” o “monísima”. Para mi mamá soy “chanchis” o “chanchita”, supongo que será por la nariz… También para Jessi fui “vaca”, “karebro” o “jaka”. Ahora que recuerdo hubo una época en la que me llamaban “Margarita”, como la vaca del primer gran hermano argentino y mis abuelos me llamaban “el pollito bebé”, porque hay que apagarle la luz para que deje de comer. Sí, hubo una época en la que comí mucho. Para mis tíos siempre fui “la Lore”, que más que un apodo es mi segundo nombre pero solo lo usaban ellos y “Karen DiCaprio” porque era su fan número uno =) Nota: Cumplimos años el mismo día =). Para mis hermanitas soy simplemente “Ka” y también para la mayoría de mis amigos.  Y bueno, seguro que me dejo unos cuantos, pero los más actuales y a partir de mi nuevo pelo rapado que ya todos conocen, soy “la pelada” o “carlitos”.
Aunque siempre seré "Karanchita". Pa’ servirles!


 


Recuerdo de nuestra infancia =) Jessinky y Karebro. Te quiero pendeja!!


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Abrazo, beso y piti



¡¡¡¡Indignación fatal!!!! ¿Será que la suerte se la hace uno? ¿Existe el karma? ¿Por qué siempre me pasan estas cosas a mí? Pobrecita, qué típico en vos…  La verdad es que prefiero atribuirlo a una putadita de la burocracia cósmica antes que reconocer que soy bobita y que sí, la suerte se la busca uno. Estoy hablando de la facilidad con la que mi intimidad es invadida constantemente como una tomadura de pelo. Y eso que no me queda mucho. Otra vez han intentado robarme, pero esta vez, sin éxito. Y no porque lo haya impedido aplicando mis conocimientos de artes marcianas después de un cuatrimestre de Taekwondo, ni porque haya llegado a tiempo para apretar el gatillo del karma. Ganas no me faltaban. Pero no, no fue por eso. La verdad es que no sé por qué fue. O mejor dicho por qué no fue. 

Calculo que no pudieron romper el candado con lo que llevaban encima, o que no se las ingeniaron para descifrar la clave de cuatro dígitos. Sí, leyeron bien, era un candado de esos… De los de mierda que se abren solo con mirarlos. Al principio usaba una clave que durante un tiempo usé para todo, hasta para la tarjeta de crédito. Yo pensaba que era tan fácil que nadie imaginaría que existiera una persona tan boluda como para usar esa combinación. Por eso la usaba. Era mi cumpleaños. La clave era mi fecha de cumpleaños. Y lo anecdótico y por qué no, ridículo, es que mi cumpleaños es el 11/11, por lo que la combinación era 1111, la más simple del mundo.  (La digo porque ya no la uso ni la volveré a usar). La cuestión es que el “guardia” de la facultad quiso llevarse todo el crédito cuando nos vio a mi amigo Pep de Potries y a mí intentando terminar de romper el candado, esta vez con éxito, para poder irme a casa en mi bici, e insinuó que éramos ladrones… Me hirvió la sangre. El candado estaba todo torcido, motivo por el cual no podía abrirlo.  Nos ayudamos de un pedrusco enorme que Pep se sacó de bajo de la manga, como en las películas y yo llevaba una llave inglesa en la mochila (oh!) para ajustarle los frenos que justo hoy había aflojado antes de irme a clase para quitarle el cajoncito de detrás, que estaba todo flojo y colgando de una tuerca, y entonces pensé: “ahora que no tiene el cajoncito, no me la querrán robar?......... Nah!”  ¿¿Casualidad?? ¿¿Suerte?? Ahora la bici parece un poco menos cutre, o más ligera, o menos llamativa, o más. En fin, es una bici de niño por la que ni siquiera pagué, pero es MI bici. 

Una vez más han querido invadir mi intimidad como aquel día en Rojas Clemente. Bueno, como uno de aquellos días.  Luego de haberme robado la anterior bici de la farola de la equina, y semanas más tarde, haberse metido a robarme la cartera por la ventana de mi coche mientras que yo, bajo la lluvia, yacía en el suelo cambiando la rueda pinchada, justo al lado opuesto de la puerta del conductor, le di otra oportunidad al barrio. Para unas mañanas más tarde salir al balcón y que mis ojos  confirmaran que lo que parecía una inocente broma de mi amiga, era una realidad: “negra, te rompieron el cristal del coche…” Solo puedo decir que me enfurecí. Esta es una historia que tenía pendiente contar pero por vergüenza ajena hacia mí misma la aplacé hasta hoy. No sé si es más vergonzoso el desarrollo o el desenlace. Fue todo tan ridículo que mis amigos inventaron un brindis en honor y burla a esta historia que es justamente lo que da el título a este post.

Mi reacción no la esperé ni yo. Siempre me consideré una persona pacífica a pesar de no ser muy normal, lo reconozco, hablemos desde la humildad. Nunca antes había sentido tantas ganas de hacerle daño a alguien, daño físico, de verdad. Me enloquecí, perdí el control, me llené de ira. Hay testigos. Nunca antes había gritado tan fuerte como ese día, ni sabía que tenía esa capacidad. Casi sobrevolando los escalones, bajé sartén en mano con un objetivo claro. El Cebolla. El yonki más importante del barrio, el que siempre tiene la culpa de todo. El de la nariz rota, la cabeza pelada y la voz carrasposa. Lo tenía claro desde el primer momento, desde que me robaron la vez anterior, desde que lo conocí. Estaba indignadísima. Me habían roto la ventana del coche para arrancarme una radio de mierda pero que reproducía MP3 y lo peor de todo… las tres carpetas de CDs originales, grabados, de amigos, de familia y míos. Mis fieles compañeros de viajes a Gandia, la discografía original completa de Blink182… Alanis Morissette, Aerosmith… Toda mi adolescencia y la de mis amigos materializadas ya no estaban. Pero eso no era lo que más rabia me daba, no era la ausencia, al fin y al cabo son cosas materiales, esos principios los tengo claros. Me daba rabia el hecho de que alguien se sintiera con derecho a joderme así como así y ya está. Por supuesto que las molestias prácticas causadas exageraban la gravedad de la situación y eso me ponía aún más loca. Todo el barrio se enteró. Mis gritos se escuchaban desde el mercado y desde el Rincón de las tapas gratis. Lo cuento y me veo desde afuera. Yo sólo quería reventarle la cabeza a ese….”¡¡hijo de puta, te voy a matar, estoy harta de este barrio de mierda!!....”  Sólo había que verme amenazando a un yonki. Más tarde, como era de suponer, se me pasó toda la euforia, me tranquilicé y empecé a sentirme mal. ¿Y si no fue él y yo estoy aquí amenazándolo con una sartén e insultándolo escandalosamente delante de todos? Me paré a pensar por un momento… ¿y si no fue él? La carga era terrible. Me sentía peor que pensando que había sido él. Me sentí culpable. Me sentí avergonzada y le pedí disculpas. El tipo se conmovió y me abrazó. Me dio un beso. Y luego me pidió un piti. Yo estaba confundida, pero conforme, en parte, así que se lo di. Después de un rato lo tenía a él y a otro cuida coches debajo de mi balcón, ofreciéndome sus servicios “desinteresados” para vigilarme al Poderoso.

Estoy segura de que fue él. Pero no soy de la clase de gente que va por ahí dando sartenazos.





Este es un fragmento de la peli de Sebastián Borensztein, La suerte está echada, que me resultó muy curioso y divertido.  =)





miércoles, 2 de octubre de 2013

From lost to the river


Escucho el sonido del whatsapp desde la cocina con toda la cara sumergida en una nectarina gigante que compré en el mercado y con el jugo casi hasta la frente pienso que podría ser importante. Pero la situación es muy engorrosa  y miro hacia el cuarto, miro mis manos, busco algo para limpiarme, miro la jugosa nectarina… baj! ¡Qué coño!  Sea quien sea seguro que puede esperar. O a lo mejor no. Era una alumna. Ah, qué ¿no les conté? Ahora soy teacher, hell yeah! Un día algo me cambió y me corté el pelo. …Un momento, esto tiene toda la pinta de que me voy a ir por las ramas y acabaré post-poniendo el post como siempre o me quedaré tres días y tres noches (con la mirada fija en la mezcla) intentando conectarlo todo para darle un sentido.

¡Vamos allá! Un día algo me cambió y me corté el pelo. Me lo rapé. Ya tenía ganas hace bastante tiempo pero me daba miedo arrepentirme y no me imaginaba sin pelo aunque a la vez lo que más deseaba era ser pelada y estar así de fresquita como estoy ahora y además estoy muy sesi. Entonces de repente empecé a tomar un montón de decisiones acertadas. Parece una tontería pero los cambios radicales, así sean simplemente estéticos, ayudan un montón a quitarse los miedos. O a centrarse. O yo que sé si es verdad o casualidad, pero la cuestión es que así se dio en mí. Con la cabeza rapada y como si ya no me importara nada,  decidí renunciar a mi trabajo. Sí, ese trabajo de mierda en el que llevo como siete años. Mi segunda licenciatura, mi segunda casa. Siete años por los que ha pasado un montón de gente linda y también gente fea. Siete años de anécdotas divertidas y de ataques de histeria y ganas de matar. Pero sobretodo, siete años de hacer lo que no me gusta para sobrevivir. De limpiar mierda ajena, de servir, de ser explotada y de casi explotar. Y sobre todo, de posponer y opacar mis otras habilidades, capacidades o virtudes. Por miedo. O por vergüenza. En fin, el miedo y la vergüenza en este caso para mí son la misma cosa. (No cuando se trata de cucarachas). Entonces me dije “Karancha, déjate de joder y ponéte a dar clases de inglés que para algo te pasaste diez años de tu vida estudiando, no solo para irte de intercambio a despilfarrar que al final en pedo tampoco es que importaran demasiado tus conocimientos.” Sabias palabras de la mujer madura y pelada que soy hoy. El ejemplo a seguir de mis hermanas menores. El orgullo de mis padres. Carlitos.
Fue así entonces como me enloquecí y me fui a pegar anuncios por el barrio ofreciendo mis clases particulares de inglés. Y me llamaron. Y esa ha sido la decisión más acertada del mes. =)

Ahora que ya todo me chupa un huevo (también me gusta mucho decir “me la refanfinfla”), me tomaré las clases con humor y comenzaré a difundir el nuevo anuncio que he creado con tanta dedicación. Espero que les guste =)

miércoles, 8 de mayo de 2013

5 días sin fumar


Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


Na, la verdad es que no. La verdad es que no es como para gritar, pero desde el primer día he querido hacer la gracia sobre lo mal que lo llevo, porque suele ser así, pero la verdad es que no lo llevo tan mal. No lo llevo nada mal, contra todo pronóstico. Y es que no decidí dejar de fumar ni me propuse hacer un esfuerzo sino que, de repente, se me fueron las ganas.
Una mañana me levanté con un dolor en el pecho asqueroso. Ustedes se preguntarán si un dolor puede ser asqueroso. Sí, puede. Es una mezcla de asco con dolor = dolor asqueroso. Me dolía el pecho e imaginaba mis pulmones negros, como en Constantine. Esa escena en la que el diablo le arranca la nicotina de los pulmones para no dejarle morir. Toda esa sustancia negra que parece alquitrán. Bueno, nicotina, alquitrán, en fin, mierdas componentes del tabaco. Entonces ese día tuve ganas de no fumar. Y el siguiente, y el siguiente… Y sin hacer ningún esfuerzo, de repente tuve ganas de no fumar, de no oler el humo, y de sentirme limpia. Es una cosa muy rara sí, pero la verdad es que en estos 5 días no he tenido ganas de fumar, más bien todo lo contrario, ganas de hacer deporte.
La otra noche soñé que fumaba por inercia, por rutina. Soñé que me liaba un cigarro y le daba dos caladas, entonces me daba cuenta de que yo ya no fumaba y me moría del asco y se lo daba a otra persona e iba corriendo a lavarme los dientes. Lo curioso es que no sentía culpa, no había sido más que un acto estúpido por error, por costumbre. No quería fumar. No es que cayera en la tentación después de muchos esfuerzos y luego me sentiera mal. Lo hacía sin pensar, sin darme cuenta. Un amigo que dejó de fumar ya hace meses, me dijo que él tuvo un montón de sueños de este tipo desde entonces. Me dijo unas cuantas cosas. Hablamos de olores. Le pregunté si sigo oliéndole a tabaco y me dijo que ya no. Así que a lo mejor ya se ha ido todo de mí. Pensaba que lo de los olores era una leyenda urbana pero es verdad, ahora todo huele a algo, TODO, todo huele. Es un poco insoportable.
Pero también es lindo =) 







Me están entrando muchas ganas de volver a ver esta peli, la vemos?  =D